La fibra capilar está cubierta de unas finas escamas, llamada cutícula, si éstas no están totalmente lisas, la luz no se refleja sobre el cabello y por eso, no brilla. El uso (y abuso) de secadores, planchas, el cepillado y otros factores externos (como la polución) hacen que esa estructura natural del pelo se altere, así las escamas se levantan; a melena se vuelve más porosa y menos suave. La mascarilla nos ayuda a que la cutícula esté en plena forma, además, de asegurar el brillo. Es importante porque mantiene el pelo hidratado, con vida, brillo y suavidad; además reestructura el cabello, protegiéndolo de agresiones externas y calor térmico, brinda hidratación al cabello teñido, excelente protector de color.